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El folclore -en los aspectos de música, danza e indumentaria-
ya no es lo que realiza el pueblo en su contexto original, hoy en la
sociedad del Siglo XXI, no se dan las funciones productivas y sociales que
lo acompañaban. |
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Estas manifestaciones vivas que se transmitieron a
través de la memoria colectiva del sentimiento popular, está en inminente
peligro de extinción, y nos toca a nosotros, los que hoy somos depositarios
y practicantes del folclore, los que tenemos la obligación y responsabilidad
de velar por mantener vivo este acervo, que por pleno derecho forma parte
importante del patrimonio histórico y cultural. En la sociedad actual el
folclore en los aspectos anteriormente señalados, y bajo mi personal punto
de vista, necesita de una urgente reflexión conjunta, para darle una
significación diferente y actual, hablo de un proyecto de puesta en valor
donde quede al descubierto el verdadero tesoro que encierra este arte por
derecho propio. La evolución que precisa para la
puesta en escena en los tiempos actuales se convierte en paradigma
imprescindible de cambio y adaptación para una nueva proyección y
conjugación de valores: éticos, técnicos y coreográficos de la alta escuela,
sin perder su expresión y espíritu popular, lo que supondría en su esencia,
elevar este arte a una obra folclórica llena de belleza y significación. El
folclore Andaluz cargado de esa idiosincrasia propia de nuestra tierra, de
su indumentaria de elegante estilo y colorido, de sus danzas que se
caracterizan por la manifestación de sus galanteos, si vivo compás y
expresivos movimientos, “acuñan” un señorío propio del acervo popular de
Andalucía. En definitiva un arte que mama del pueblo y es fuente inagotable
de inspiración de grandes compositores y coreógrafos para subirlo al
escenario y entregarlo al público como un arte elevado. Este
debe ser nuestro gran reto, y para hacerlo posible todos los esfuerzos serán
pocos, nadie sobra ni está de más, cualquier aportación será buena. Estoy
convencido, que entre todos los que estamos, de los que estuvieron y de los
que vengan, este paradigma de innovación, no exento de crítica y un tanto
utópico, prevalecerá como solución y salvaguarda de continuidad de nuestro
folclore, y a la vez logrará situarlo en el lugar que le corresponde dentro
del género de la música y la danza en Andalucía.
Enrique Gómez Martínez
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